El hilo negro ya existe, pero no está demás redescubrirlo valga la palabra– ahora que quienes en el Tribunal Superior de Justicia participamos en la inapreciable y necesaria tarea de dar a cada quien lo suyo, sujeta a la ley de modo que todo el procedimiento sea siempre en tiempo y forma, hemos decidido tocar a la puerta de la propia justicia, reprocharle el desdén con que nos mira y nos trata a pesar de que sin nosotros sería pesado libro inerte y empolvado, inútil para vivir todos con respeto recíproco, en paz.

Nunca ha sido fácil esa tarea indispensable para que la sociedad siga su marcha construyendo día a día el bienestar general uniendo como tabiques los esfuerzos individuales para hacer realidad los sueños propios.

El bienestar general sólo se consigue con el desarrollo de la nación en armonía, cuya preservación se fundamenta en el derecho a que el producto del esfuerzo personal sea respetado por los demás. Nuestro gremio es el responsable de actuar cuando ese derecho es quebrantado.

Estamos de acuerdo en que por espíritu de servicio la mayoría, abrazamos esa tarea conscientes de que nunca ha sido fácil, que somos pocos quienes la hacemos y el salario no se ajustaba -ni ajusta– a la dimensión del esfuerzo. Por fenó­menos económicos, políticos y sociales el grado de dificultad ha aumentado geométricamente, la carga de trabajo es cada día mayor y el número de quienes la desempeñamos no aumenta ni aritméticamente, tampoco el salario a partir de 1964.

El encarecimiento constante de la vida ha nulificado al magro emolumento que tenemos, difícilmente sirve para satisfacer todas las necesidades primarias, cada día más lejano del prescrito por la Constitución. Esto no ha minado nuestro espíritu de ser­vicio ni nuestro rendimiento ni la moral, pero la tolerancia está llegando al límite.

Siempre hemos estado conscientes de la desproporción entre cantidad de trabajo y nivel de salario, pero ya aumentó demasia­do, ha desestabilizado nuestros hogares y ha roto la cohesión de la familia. Su consecuencia inmediata, en perjuicio de la propia comunidad, es el deterioro involuntario de nuestro trabajo.

Exigir aumento salarial justo para romper ese desequilibrio, re­cuperar la armonía en nuestros hogares y reagrupar a nuestras familias no es acto de soberbia, es demanda de justicia a la que tenemos derecho quienes somos corresponsables de impartirla para mantener la paz de la sociedad.

Es tiempo de que dejemos de ver el sindicalismo como simple concepto y no como medio para conquistar y mantener justicia y estabilidad laborales, justicia que ahora pedimos.

El Sindicato de Trabajadores del Tribunal Superior de Justicia (STTSJDF) decidimos superar el sindicalismo conceptual y em­prender el actuante, con la participación de todos los que somos el propio sindicato. Esa participación firme, decidida y perma­nente nos permitirá recuperar la dignidad de trabajadores y la de nuestras familias.

¡¡Vamos todos al sindicalismo actuante, jalemos parejo la carreta y tendremos justicia y respeto!!

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